Cuando la creatividad desaparece los restaurantes se parecen.

¿Por qué los restaurantes se parecen entre si?

“Un hombre puede combatir una afirmación con un razonamiento; pero una sana intolerancia es el único modo con que un hombre puede combatir una tendencia” Gilbert Keith Chesterton (1874-1936)

Parece mentira y más en tiempos donde la crisis es aún hoy demasiado evidente, como ciertos restaurantes han perdido casi por completo cualquier atisbo de originalidad.

Está claro que no hablo de esos restaurantes “estrellados” con casi infinitos recursos para el circo, sino de aquellos sitios a los que habitualmente acudimos sencillamente a comer, en los que nos podemos llegar a gastar entre 30 y 60 euros por persona. Y remarco esta gama de precios ya que a partir de los 30 euros todos los restaurantes deberían ofrecer más de lo que ofrecen.

Las modas siempre han condicionado a la creatividad, aunque ella -la creatividad- haya sido la primera en verla nacer.

Pero…

¿Y los que vienen detrás de esa moda o tendencia? ¿Por qué ese pavor a salirse del guión? ¿Por qué copiamos “conceptos” sin ninguna intención por querer mejorar nada? ¿Por qué se ve el proceso creativo tan masificado y tan poco original cuando hablamos de restaurantes en esta gama de precios?

Ferran Adrìa tomaba la idea de Jacques Maximin de que “crear es no copiar”. Una frase muy bonita pero carente de matices y de realidad si la tomamos al pie de letra.

Todo a nuestro alrededor nos influye. Somos como esponjas absorbiendo experiencias. Y negar esa realidad no nos lleva a ningún sitio. Siempre estamos interactuando con el mundo, con las experiencias, con las ideas.

Entonces…

¿Por qué negarle las alas a la inspiración? ¿Acaso crees que la creatividad solo tiene que salir de tu cabeza sin ningún tipo de detonante emocional?

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida:

Te has preguntado ¿qué haríamos sin sorpresas? o ¿hacía dónde iríamos?

Sorpresa es lo que sientes cuando aquella niña rubia te roba un beso en el jardín. Sorpresa es encontrarte aquel barco pirata (con todos sus accesorios) debajo del árbol de navidad. Sorpresa, es ver que tu diente fue cambiado por una moneda debajo de tu almohada. No parece algo muy difícil ¿No?

Sorprenderme como aquel niño es lo único que pido cuando me siento en una mesa.  

Las sorpresas están cargadas de emociones y las emociones guardan a perpetuidad los recuerdos vividos. Algo que las grandes marcas manejan a la perfección. Algo que todos debemos empezar a entender de una vez por todas y los restaurantes no son una excepción.

 

Las sorpresas están cargadas de emociones y las emociones guardan a perpetuidad los recuerdos vividos.

Nadie dice que sea algo fácil de lograr. Sin embargo nunca antes estuvimos tan cerca de poder transmitir -casi de igual a igual- como esas grandes marcas que tanto admirábamos, que tanto nos atraían.

Pero si la imaginación no vuela, si la creatividad no está ansiosa por buscar y cambiar el status quo; y solo nos limitamos a servir comida y a hacer rentable nuestro restaurante –sin aportar sorpresas ni emociones a nuestros clientes– es que aún no hemos entendido nada.

Sorprender a tus clientes no es algo que te cueste dinero ni por lo que tengas que cobrar un extra, solo requiere de imaginación y de voluntad de querer hacer las cosas de una manera diferente.

 

Pero si la imaginación no vuelasi la creatividad no está ansiosa por buscar y cambiar el status quo; y solo nos limitamos a servir comida y a hacer rentable nuestro restaurante –sin aportar sorpresas ni emociones a nuestros clientes– es que aún no hemos entendido nada.

Pero ¿qué está pasando con la identidad culinaria de los restaurantes?

Nunca antes la profesionalidad gastronómica había llegado tan arriba. Hoy los cocineros estudian varios años, hacen sus prácticas en diversos sitios, viajan, leen; y la información gastronómica, gracias a Internet, es más diversa y está al alcance de todos; aunque a algunos “profesionales de la verdad periodística del mundillo” no les haga mucha gracia.

Aún así, aunque todos hayamos contribuido a hacer de este mundo –el de la gastronomía-, uno mejor y más profesional ¿por qué las cartas de los restaurantes parecen estar clonadas? ¿dónde quedaron esas experiencias vividas por los artesanos culinarios? 

Hace 20 años, el fetiche de todas las cartas era el foie gras. Hoy sucede lo mismo con el ceviche en todas sus acepciones. Y en los postres, el Volcán de chocolate de Michel Bras, era y es la “putilla” de casi todos los restaurantes.

 

¿por qué las cartas de los restaurantes parecen estar clonadas? ¿dónde quedaron esas experiencias vividas por los artesanos culinarios? 

Desafortunadamente los números le han ganado la partida a la creatividad, al riesgo, al querer ser diferente; y poco tiene que ver con la excusa de que: “La gente me pide que haga eso”.

Sir Ken Robinson lo explica perfectamente en su Ted Talk: “Picasso dijo que todos los niños nacen artistas. El problema es seguir siendo artistas al crecer. Creo en lo siguiente con pasión: que no nos volvemos más creativos al crecer,más bien nos hacemos menos creativos. O más bien, la educación nos hace menos creativos. Y ¿por qué es así?”

Te lo recomiendo es muy inspirador.

 

Como anécdota personal, te cuento que hace 10 años hacía cebiches en Barcelona; un plato del que poco se sabía, ya sea por su historia y por su sabor. Sin embargo eso jamás impidió que la gente lo pidiera o lo apreciara de una manera natural y sin sobresaltos. Solo hay que saber contar la historia adecuada.

Si quieres conocer cómo puedes hacer para que tu equipo venda con más seguridad, no dejes de leer 5 Consejos que te ayudarán a vender con más seguridad en tu restaurante.

Cada plato tiene una historia, una curiosidad por contar. De ahí en la habilidad y la preparación que les des a tus camareros. Ellos están ahí -al pie del cañón- en primera línea de combate; no los dejes sin armas. Dótalos de todas las herramientas necesarias para que tus clientes se interesen por aquello que haces.

 

Recuerda: Somos animales de costumbre. Nos dan pánico los cambios. Pero nada debemos de temer si hacemos nuestro trabajo con profesionalidad y pasión. Pero a lo que si debemos de temer es a la mediocridad, al “prêt-à-porter” de la gastronomía sin ninguna emoción por regalar; ya que sin identidad ni distinción, solo serás como muchos restaurantes con una carta que poco tiene de propia y mucho de todas los demás.

 

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